Hay destinos que no necesitan artificio para seducir: les basta con existir. Itapoá, recostada con gracia sobre el norte del estado de Santa Catarina, pertenece a esa rara estirpe de lugares donde la naturaleza ha dispuesto con generosidad todos sus dones, y donde la mano del hombre ha sabido, con sabiduría inusual, no interferir en el prodigio.

Es a este rincón privilegiado del litoral brasileño adonde llegó, en días recientes, una distinguida delegación de agentes de turismo de Paraguay, convocada por el deseo de conocer de primera mano una de las perlas mejor guardadas del sur del continente.
La ciudad los recibió con la magnanimidad que solo los grandes anfitriones conocen: con sol generoso sobre más de treinta y dos kilómetros de playas de arena blanca, con aguas que ostentan el honor de ser las más cálidas del sur brasileño y con el murmullo verde y profundo de la Mata Atlántica, ese patrimonio vivo que rodea y custodia el municipio como un manto ancestral.
«Itapoá no se visita: se descubre. Y quien la descubre difícilmente puede imaginarse no volver»

La travesía y sus artífices
La iniciativa, gestada con la meticulosidad propia de quienes comprenden que el turismo de calidad comienza antes del primer paso del viajero, estuvo a cargo de Mastro Viajes, agencia paraguaya cuya visión es liderada con distinción por Javier Mastropaolo. A su lado, con la precisión logística que toda travesía bien orquestada exige, operó Maitei Turismo, representada por la versátil Asunción Villalba, cuya presencia garantizó que cada detalle del recorrido discurriera con la fluidez de una corriente de aguas calmadas.
La hospitalidad del destino
La comitiva halló en tierra catarinense la bienvenida que los viajeros de buen gusto merecen. Gabriel Godoi, director de Turismo de la ACINI, se convirtió en el cicerone perfecto: conocedor profundo del territorio, dotado de ese entusiasmo genuino que solo quien ama su tierra puede transmitir. Junto a él, Rafael Pereira, representante del Hotel Villa Água Mar, veló con esmerada atención por el bienestar y el confort de los visitantes, asegurando que cada momento de la estadía fuera memorable.

Itinerario de privilegio
Entre los hitos de la visita se contaron el majestuoso Pontal da Figueira, el centenario Faro de Itapoá —vigía eterno de un litoral que el tiempo ha sabido preservar—, y las zonas naturales surcadas por los ríos Saí Mirim y Saí Guaçu, cuyas corrientes reflejan la historia indígena y la memoria viva de una ciudad que ha hecho del respeto a sus orígenes una seña de identidad irrenunciable.
Naturaleza y prosperidad en armonía
Itapoá es, también, la demostración de que belleza natural y desarrollo económico pueden coexistir sin traicionarse mutuamente. El Porto Itapoá, considerado uno de los terminales portuarios más modernos del país, es el motor silencioso que impulsa la prosperidad local, ofreciendo a la región una dimensión estratégica que amplía su atractivo más allá del turismo de playa. Los agentes paraguayos pudieron apreciar, con la perspectiva profesional que los distingue, el potencial de un destino que combina paisaje, infraestructura y autenticidad en una proporción pocas veces vista.
Treinta y dos kilómetros de playa, aguas las más cálidas del sur de Brasil y una Mata Atlántica que respira: Itapoá es, sencillamente, una promesa cumplida.
Un puente entre naciones
Más allá de los atractivos particulares, esta visita cobra una dimensión que trasciende lo meramente turístico: es el fortalecimiento de un vínculo cultural y comercial entre Paraguay y Brasil, dos naciones cuya vecindad geográfica merece ser enriquecida con lazos de intercambio genuino. Los profesionales paraguayos regresan a su tierra con un conocimiento renovado y con la certeza de que Itapoá es un destino que merecerá un lugar de honor en sus recomendaciones y en los itinerarios que ofrezcan a sus clientes más exigentes.
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